Carta a un amigo
Mí querido Paco:
Cuando me llamaste aquella noche, a finales del pasado Agosto, jamás imaginaba que hoy tendría que estar escribiéndote esta carta. Estabas asustado, porque llevabas varios días fatisdiado con esa tos, pero seguías teniendo tu buen humor de siempre.
Ahora, cuando ante la blancura inmaculada de estas hojas, me siento a escribirte estas líneas, que sé recibirás de mano de alguno de los querubines que cantan a nuestra Carreta de Plata, en mi memoria se agolpan tanto y tantos recuerdos.
Aquellas interminables noches en Mayordomía; tú con tus cartas y oficios y yo ajustando las cuentas con tu ayuda, mientras nuestro querido Mestre nos volvía locos y la sempiterna compañía del Hermano Simón. De nuestras mujeres esperándonos hasta las tantas de la noche .De los caminos “trabajando” como oficiales de Junta. De, en definitiva, UNA AMISTAD.
Tú siempre estabas dispuesto para ayudar a cualquiera. Algunas veces me decías que sólo te faltaba “coger la escoba”.
¡¡Cuánto me ayudastes esos días!! “Josema, tú tranquilo que tó sárregla”.
Todo Paco, todo menos …. Lo inevitable.
Y de esos Caminos, con tu Isabel, tu eterna compañera, los dos siempre unidos desde niños, cuando os conocisteis y jugabais juntos. Los últimos años tuve la suerte de acampar siempre junto a ti en las paradas. Tú con tu carriolita, esa que era el paradigma de poder comprimir en el menor espacio todas esas cosas que hoy en día llevamos al Camino. Casi siempre yo te guardaba el sitio.
El año que viene, si Ella quiere, te seguiré guardando el sitio, por si quieres bajar a estar un ratito con nosotros, cuando ya se quede en silencio “la pará” y los grupos electrógenos son sustituidos por el murmullo de las plegarias y rezos ante nuestro Simpecado.

Pero seguro que quién más te echará de manos, será mi hijo mayor, ese que siempre te buscaba para “ayudarte” para cuadrar la carriolita (¡¡”Esteban p´acá!! ¡Que no, que no es así!!), ponerte el toldo y cuando ya lo mandabas a …. muy lejos, porque te tenía harto, se enfadaba contigo y te quitaba el cable de la luz. ¡¡No te iba a querer, al igual que los otros dos, si dijo antes Paco que papá!! Y cuando era pequeño ya lo llevabas en el coche de Pepe contigo “conduciendo”. No te puedes imaginar lo que te ha llorado.
¡¡Ojú, Esteban, que de recuerdos!! ¡¡Y ese arroz de Isabel a la vuelta en El Caoso!!
Sé, porque estoy seguro de ello que cuando llegaste a ese lugar donde seguro estás ahora con Ella, te habrán recibido en la puerta, muchos amigos: Lagares, Ojeda, tus tocayos Bovis y aquel “Pater” que cuida nuestra Carreta. Pero seguro que al frente de todos ellos, estaría tu amigo del alma, Pepe Mestre, con una pequeña de la mano y con la otra extendida ofreciéndote lo que todos deseamos alcanzar. Dales recuerdos a todos.
Adiós amigo, pídele a Ella, tú que la tienes ahora todos los días a tu lado, por los que seguimos en este valle de lágrimas y, aunque no sea para pronto, guárdanos un sitio en esa “pará” eterna.
Tus amigos
José Maria y Manolo
Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre del 2004 - Página 7