OTRA VEZ VUELVO AL CAMINO
  
 

“…con la misma gente,
la misma Hermandad…”

  
El año pasado, después de asistir a la Misa de Romeros en San Isidoro y acompañar a la Hermandad hasta la Plaza Nueva, tuve que enfilar con lágrimas en los ojos la calle Tetuán para llegar al Hotel, coger la maleta y salir hacia el aeropuerto en dirección a Pamplona. Haciendo los preparativos de la carreta y la carriola me habían comunicado que a mi hija la intervenían urgente de un tumor maligno. Nunca lo pensé pero la palabra “cáncer” sonó en mis oídos más próximos.
 
Despegando el avión, buscaba insistentemente el puente de hierro que dirige a la Hermandad hacia San Juan, para ver si veía esa linde de carretas y peregrinos. No los encontré, pero en mi mente iba trazando el camino que recorrerían, ese día hasta Cuatrovita.
 
Había dejado a Gloria mi medalla para que con ella hiciera el camino y tenia la sensación que podía hacer el esfuerzo mental de ir pisando los caminos y viendo sus colores y oliendo sus olores al unísono con mi medalla.
 
La misa, los abrazos y buenos deseos de los amigos que conocieron la noticia, me llevaba con el convencimiento que la operación sería un éxito, la recuperación rápida y feliz y la pesadilla terminaría en un año.
 
Ese año venía al camino, por primera vez, mi segunda hija, Rocío. Le había prometido que el día que terminara su carrera la invitaría a hacer el camino y la Romería a la Ermita de la Virgen del Rocío para que supiera porqué su madre y yo le habíamos puesto ese nombre.
 
Al dejar mi medalla a Gloria para que con ella hiciera el camino. La que compré y grabé a Rocío para imponérsela simbólicamente en el momento de desearnos paz y buen camino en la misa, la introduje en el bolsillo y me aferré a ella los quince días que estuvo Inma en Pamplona y todos los días de las largas sesiones de quimio y radioterapia oncológica en Tenerife.
 
En el año 1992, de la mano de Carmen, mi madrina del Rocío y su hermana Gloria, mi esposa y yo iniciamos como alternativa lúdico-vacacional, nuestros caminos del rocío con la Hermandad de Sevilla (O El Salvador, cómo la quieran llamar). A excepción de un año, por motivos de trabajo, siempre hicimos la ida y la vuelta felizmente.
 
Aquel concepto inicial, -lúdico-vacacional-, cambió rápidamente  y con mayor fuerza desde los primeros años. Mis creencias y sentimientos religiosos, que por una razón u otra habían estado por años aletargados o dormidos en mi interior, comenzaron a despertarse, al igual que a mi esposa; el camino, la hermandad, los romeros, los hechos y acontecimientos, la aldea, la ermita y por último la Virgen y su cara, nos cambió suave pero totalmente, nuestros planteamientos y actitudes ante la vida hasta esa fecha.
 
Creemos firmemente que la Virgen nos ha ayudado en estos años a salir adelante, educar a nuestros hijos y vivir una vida más gratificante y cristiana. No debe obviarse, como digo a muchos, “a Dios rogando y con el mazo dando”.
 
Estamos convencidos que gracias a Ella mi hija está totalmente curada. Así se lo han ratificado en los últimos análisis.

 
Este es un grato motivo para agradecer eternamente lo rezos de esa Hermandad, de tantos amigos sin los que la Virgen, a nosotros, tan pequeños, no nos hubiera escuchado. Especialmente a todos los peregrinos de la Asociación de La Gabriela, cómo decimos entre nosotros, con Carmen al frente.
 
Es por ello, que hoy puedo decir que este año vuelvo al camino con mi esposa y mi hija Rocío, gracias a Ella.

 
Cayetano Mejia

 

Fotos: Juan Casal Romero