EL PATRONAZGO DE LA VIRGEN SOBRE LA VILLA DE ALMONTE

Manuel Romero Triviño

 

 

Un 29 de Junio del año de 1653, cuentan las crónicas, fue un día de fiesta, pompa y boato en Almonte.

Se organizaron, como era costumbre en las grandes celebraciones de la época, corridas de toros, así como fuegos de artificio en la noche anterior, con luminarias y ministriles.

El Concejo de Justicia y Regimiento, La Venerable Cofradía de Santa María de Las Rocinas, el Santo Oficio, el clero regular y seglar, se reunían en la Parroquia de la Asunción revestidos todos de ricas casullas y cruz en alto.

Tras el canto, como era tradicional, del Santo Evangelio y antes del ofertorio, Juan Ruiz de Barrientos, escribano público, subió al púlpito para dar lectura al texto del

ACTA DE LA PROCLAMACIÓN DEL PATRONAZGO
DE LA VIRGEN DE LAS ROCINAS
SOBRE LA VILLA DE ALMONTE

 

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y la Divina Esencia, y de la gloriosa Virgen Santa María de las Rocinas, Madre de Dios, concebida sin pecado original, y de los gloriosos apóstoles San Pedro y San Pablo, príncipes de la Iglesia, a quien hoy solemniza su fiesta; debajo de la protección de nuestro muy Santo Padre Inocencio Décimo, Pontífice Máximo de la Santa Iglesia Católica Romana. Sea notorio y manifiesto que nos, el Concejo, Justicia y Regimiento de la Muy Antigua y Noble villa de Almonte, del Excelentísimo señor Duque de Medina Sidonia, mi señor, y todos los demás eclesiásticos y seculares que aquí firmamos, estando juntos en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción desta dicha villa, decimos: Que considerando las muchas y grandes obligaciones que esta dicha villa y todas las de su comarca tienen a la Reina de los Cielos, Santa María de las Rocinas, Señora nuestra, por los comunes y particulares beneficios que le confesamos todos los presentes y hubieron nuestros antepasados, pues en las mayores angustias, necesidades y aflicciones, el remedio universal se ha hallado en la Divina Majestad por esta Serenísima Señora. Y reconociendo que la honra suya, correspondida de Dios ab aeterno, pues la escogió el Padre por Hija, y el Hijo por Madre, y el Espíritu Santo por Esposa, templo y sagrario suyo, a quien los supremos espíritus reconocen por Madre de misericordia, llena de gracia, consuelo de todos los fieles, y que continuamente, en presencia de Dios, está intercediendo por todos los pecadores; y así, con corazones humildes, devotos, píos y aficionados, la confesamos, veneramos y engrandecemos en todos los misterios en que nuestra madre la Santa Iglesia la reconoce y ensalza, y esperando ha de tener y creer por fe su preservación del pecado original, que la Santa Iglesia Romana nos obligue con determinación especial, como entendemos que por la misericordia de Dios y por los méritos de su Santísima Madre lo hará; entre tanto, de común consentimiento, determinamos de obligarnos con voto y juramento a defenderlo y profesarlo debajo de la venia y protección de la Santa Sede Apostólica, a quien siempre tuvimos y tendremos la debida obediencia, siguiendo el ejemplo de nuestro católico rey don Felipe cuarto, nuestro señor, que Dios guarde, y a las órdenes militares, tribunales, universidades, comunidades, hermandades, concejos y cofradías destos sus reinos y señoríos, en la devoción y afecto a esta proporción, donde con tantas veras se defiende esta doctrina y con tanta demostración se celebra esta fiesta; y así, congregados capitularmente, en voz y en nombre de todos los demás capitulares deste Concejo, presentes, ausentes y por venir, y eclesiásticos y seculares, deseando hacer este agradable servicio a la Virgen, para consuelo propio nuestro, edificación de los fieles y reconocimiento humilde que debemos a !a que es Madre de Dios y de todos los pecadores, delante de Dios omnipotente, trino y uno. Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de la bienaventurada Madre de Dios de las Rocinas, y de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y de todos los ángeles y santos de la corte celestial, y de todos los presentes, que proponemos por testigos, juramos y votamos que ahora y siempre afirmaremos y defenderemos que la gloriosísima Virgen Nuestra Señora fue concebida sin pecado original y que nunca cayó en ella esta mancha, sino que en el instante de su Concepción dichosa y de la unión de su alma y cuerpo fue prevenida de la divina gracia y preservada de la culpa original, y esto por los méritos de la Pasión y muerte de Cristo nuestro Redentor, que había de ser su Hijo, previsto ya en el divino consistorio, y que en esta verdad, y por la honra de la sacratísima Virgen, con el ayuda de Dios todopoderoso, viviremos y moriremos.


Y para que esto sea estable, firme y permanente para siempre jamás, votamos por Patrona de esta villa a la Reina de los Ángeles, Santa María de las Rocinas, y la solemnidad de su fiesta, con misa solemne y sermón, en el día que la Iglesia la celebra, o otro cualquiera que acordáremos y determináremos en nuestro ayuntamiento; y con toda humildad pedimos al hermano mayor y hermanos de la cofradía de esta gran Señora, a los que no lo fuéremos, nos apunten y escriban por tales en ella. Y establecemos y definimos por acuerdo y definición, con toda la autoridad que podemos y en nuestro capitulo y ayuntamiento secular que valga y tenga fuerza y perpetua firmeza para siempre jamás, y por tal lo mandamos escribir en este nuestro libro capitular, y hacemos el mismo voto y juramento de no permitir, consentir, ni en ninguna forma o manera dar lugar a que nadie sea recibido por capitular deste Concejo, ni hermano de la dicha cofradía, sino en haciendo después de los otros votos éste especial.

Y para cumplimiento de todo lo dicho hacemos este público voto en manos del licenciado Antonio Díaz Bejarano, presbítero, vicebeneficiado de la iglesia desta villa, y lo juramos en esta vivífica cruz y santos evangelios, y por ellos de lo cumplir y guardar, y sujetamos este juramento y voto a la Santa Iglesia Católica Romana y a nuestro muy Santo Padre Inocencio Décimo, y lo ponemos debajo de su protección y amparo, suplicándole lo reciba y nos dé su santa bendición. Y con suma humildad y reverencia pedimos a Dios nuestro Señor que, mediante la intercesión de esta Señora que invocamos, mire con ojos de su acostumbrada misericordia al Rey nuestro Señor y a su católica monarquía, al Excelentísimo Duque de Medina Sidonia, señor desta villa y a sus vecinos y su Divina Majestad se sirva que estos beneficios vayan siempre en aumento de su santo servicio, gloria y honra de su Santísima Madre, defensa de la fe católica, exaltación de la Iglesia Romana y verdadero cumplimiento de este voto, hecho en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de la villa de Almonte, en domingo veinte y nueve días del mes de junio de mil y seiscientos y cincuenta y tres años, siendo testigos que hicieron el mismo juramento, don Diego Pichardo Osorno, y Fabián de Cabrera, y don Francisco de Cabrera, vecinos desta villa, y este mismo juramento hizo Bartolomé Pérez Bejarano, sindico procurador general desta villa, de lo defender y cumplir por ella y sus vecinos. Fecho ut supra. Antonio Díaz Bejarano.— Bartolomé Lorenzo Bejarano.— Martín Pabón Carreño.— Don Juan de Cabrera.— Juan Pablo Bejarano.— Don José de Sepúlveda.— Juan Solis.— Juan Ramírez.— Juan Pérez Rico.— Don Lucas Fernández de Montoya.— Don Diego Pichardo Osorno.— Doctor Mora.— Don Francisco de Cabrera y Palencia.— Fabián de Cabrera.— Ante mi, Juan Ruiz Barrientos, escribano.
 

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Bibliografía:
"Documentos de las Fundaciones Religiosas y Benéficas de la Villa de Almonte y Apuntes para su Historia" - Lorenzo Cruz (1908)
"Rocío: La Devoción Mariana de Andalucía" - Juan Infante-Galán (1971)