EL MANTO DE LA VIRGEN DEL ROCIO

Manuel Romero Triviño

 

 

El conocido tradicionalmente como Manto de los Apóstoles, con el cual suele procesional la Virgen del Rocío el Lunes de Pentecostés, fue diseñado en 1952 por D. Joaquín Castilla Romero.

Con tal motivo, en 1952 que fue cuando se ideó dicho proyecto, se organizó un BESAMANTO para el día 1 de Junio, tras la Función Principal, con el fin, tal y como rezaba en una nota firmada por la Junta de Gobierno, de que los buenos rocieros dejaran "sus besos amantes sobre este Manto que este año es el último que lleva sobre sus hombros Nuestra Madre".

Original de la Convocatoria a BESAMANTO

Se editó igualmente el Cartel de Cultos.

En el mismo se incluía para dicho Domingo 1 de Junio de 1952, el Besamanto, pero.... apareció impreso como se puede ver en la imagen siguiente

Ni que decir tiene el revuelo que se formó, pues habría sido la primera vez en la historia (que se tenga noticia) que la Virgen del Rocío tendría un Besamanos. Parece ser que se debió a un error y alguien se comió una "t".

Vista esta anécdota histórica, pasemos al manto propiamente en sí.

Todavía habría de esperar Nuestra Madre del Rocío hasta 1956 para estrenar dicho manto, aún sin terminar, debido a la complejidad del mismo.

En la Revista ROCIO de 1957, cuya portada se ve en la siguiente imagen, obra de Juan Infante-Galán Zambrano, aparecía un magnífico artículo Titulado "La Virgen del Rocío estrena un manto", firmado con las iniciales J.B.M.M. y que, dado su interés histórico, se reproduce a continuación.

 

LA VIRGEN DEL ROCIO ESTRENA UN MANTO

 

La Virgen del Rocío
estrena un manto;
de luna, sol y estrellas
se lo han bordado.
Paloma en vuelo,
el rocío a la Rosa
bajó del cielo
 

 

Conocida es ya de todos la noticia, que lo canta la copla: La Virgen del Rocío estrena un manto.

Ganosos de ofrecer a nuestros lectores cumplida y detallada información acerca del prodigio de arte que es el nuevo manto, visitamos al autor del dibujo, director también del bordado, Don Joaquín Castilla Romero. Escribimos así su nombre; sin adjetivo alguno, por temor a herir su modestia, pero también por temor a empequeñecer nuestro elogio al quererlo encerrar en el limitado alvéolo de la palabra.

Joaquín nos recibe cordial, amable, y, expuesto nuestro deseo, comenzamos a dispararle nuestras preguntas.

—¿Cómo fue el encargar a usted el proyecto del manto la Blanca Paloma?

—Mi primer contacto con el Rocío —nos dice— fue con motivo de la Carreta del Simpecado de La Palma, cuyo proyecto me fue encargado por Don Ignacio de Cepeda. No conocía yo entonces la Romería, ni menos a la Santísima Virgen.

Don Joaquín habla de la Virgen con un temblor de emoción en sus palabras, con delicadeza y finura exquisitas, anteponiendo siempre un adjetivo respetuoso o un título amoroso y filial: la Santísima Virgen..., Nuestra Señora.

—¿Cuál es el origen de este proyecto del manto?

—Era por entonces presidente de la Hermandad de Almonte Don Manuel Escolar. La Junta había acordado la confección de una nueva saya y manto para la Santísima Virgen, que sustituyese a los antiguos, ya muy deteriorados; pero estaban indecisos ante las dificultades que envolvía el asunto. En aquel año, se estrenó la carreta de La Palma y Don Manuel Escolar y Don Vicente Díaz de la Serna, éste, secretario de la Hermandad, al verla, pensaron que el autor del proyecto de la carreta pudiera ser también el del manto.

Consultaron su propósito con Don Ignacio de Cepeda, y Don Ignacio, con una deferencia y delicadeza que yo no sabré nunca agradecer suficiente, -nos dice Don Joaquín- me puso en comunicación con la Hermandad. Digo que nunca sabré agradecer al Sr. Vizconde de La Palma su deferencia, porque a su iniciativa debo el ser yo el autor del dibujo del manto y, en consecuencia, mi encuentro con la Santísima Virgen del Rocío, que marca un hito en mi vida.

—¿Tuvo necesidad de ver la sagrada imagen antes de comenzar sus trabajos?

—Sí; fui al Santuario a tomar en la misma sagrada imagen las medidas necesarias para confeccionar el proyecto y dibujo del manto. No tiene usted idea de cómo conservo el recuerdo de las emociones del camino. La mañana radiante, la soledad del campo, todo parecía preparar el encuentro con la Virgen Santísima.

Venían la Camarista, Dª Ana González, y algunos miembros de la Junta de la Hermandad. Subimos al camarín. La vista de la Santísima Virgen me produjo una de las más puras y hondas emociones de mi vida, que han dejado en mí una huella imborrable y sembrado en mi alma una devoción cada día mayor a la Virgen Santísima del Rocío; las lágrimas corrieron incontenibles.

Ensimismado por la emoción, tomé cuantas medidas y datos creí necesarios y regresamos a Almonte. Volví aquella noche a Sevilla, tomando el tren en La Palma; un tren mixto, pescadero, lento. No me percibí hasta llegar a Sevilla de lo largo y pesado del viaje. Vine contemplando el cielo estrellado, luminoso, de una noche de plenilunio, y, aunque profundamente preocupado con la enorme responsabilidad artística que había aceptado, sentía una felicidad que me embargaba totalmente sin saber explicármelo.

—¿Tropezó con muchas dificultades artísticas en su trabajo?

—El primer problema fue la forma misma del manto. Dadas las especiales características de la venerada imagen de la Virgen del Rocío, las vistas del manto antiguo quedaban invisibles, plegadas tras la ráfaga. Para evitar esto hicimos que el nuevo manto no fuese, como es acostumbrado, un semicírculo, sino un triángulo matado en su vértice y de base curva y con un poco de cola, solamente iniciada.

No hubo duda ninguna respecto del tejido, que es un riquísimo tisú de plata de ley y seda natural de color blanca.

En cuanto al dibujo, el manto está concebido a modo de gran capa pluvial, con dos cenefas o tiras de imaginería; gran motivo central, con el Espíritu Santo y el escudo de la Hermandad Matriz; y una rica y ancha orla con símbolos marianos y los escudos de todas las hermandades, a la parte inferior.

Proyecto original del Manto con la firma de su autor

—Dígame, Don Joaquín, ¿por qué escogió para el bordado el estilo renacimiento?

—Bueno, no es propiamente renacimiento puro, es un estilo de transición del renacimiento al barroco. Creo que es el momento más equilibrado y más jugoso, y desde luego, a mi entender, el ápice del arte español.

—¿Se inspiró en otros bordados u obras de arte antiguo?

—Es totalmente original, naturalmente, en la medida que puede ser original la recreación de un estilo artístico ya pasado.

El más grave problema fue el de las cenefas o tiras de imaginería. Pensé y medité mucho el problema.

El bordado de imaginería presenta serias y grandes dificultades.

Por ello, después de muchos estudios y varios ensayos, me decidí por la forma en que se ha resuelto, haciendo las carnaciones en marfil. Esto trajo consigo la necesidad de hacer los vestidos y telas de las figuras en relieve y a punto de tapiz.

Tuve la suerte, de encontrar dos grandes artistas que, como los grandes maestros anónimos de siglos pasados, se ignoran a sí mismos: María de los Ángeles Navarro, maestra del taller del convento de Santa Isabel, con un dominio extraordinario del noble arte del bordado en oro y un exquisito y refinado gusto artístico. El otro es Miguel González, que trabaja en el taller de orfebrería de Don Manuel Seco Velasco, en la sección de modelado. Es un hombre modestísimo, artesano al modo del Siglo de Oro, bondadoso, ingeniosísimo, entusiasta. Su sordera lo hace aún más aislado en su intramundo de artista. Ya venía trabajando en la talla del marfil, pero ante la necesidad en que me veía, le insté a que me tallase todas las figuras necesarias para el manto.

Maria de los Angeles Navarro

El estudio y la talla de cada cabeza y su fidelidad en la interpretación del dibujo son admirables, y, las más de las veces, mejorando el dibujo original. Tiene Miguel González un maravilloso sentido del bajorrelieve y ha conseguido en sus tallas de marfil, bellísimos matices de modelado, obteniendo, sobre todo en los rostros de ángeles de la esclavina, exquisitas morbideces; y en las imágenes de las cenefas, justas y acertadas expresiones.

Miguel González

—Aparte de los elementos puramente ornamentales, ¿quiere usted decir algo acerca del simbolismo mariano del manto?

—Procuré -nos responde Don Joaquín- que los motivos simbólicos del manto guardasen cierta unidad. En las cenefas de imaginería puse figuras y Santos estrechamente relacionados con la Virgen Santísima, bien por la sangre, o por el espíritu. Así en la cenefa, a la parte izquierda del manto, puse a San José, esposo de la Virgen; San Joaquín, su padre; y al Patriarca Abraham, padre de los creyentes. Al lado derecho, David, de cuya regia estirpe era la Virgen María; y dos grandes figuras del Nuevo Testamento, íntimamente relacionadas con la Virgen: San Juan Evangelista, el discípulo amado, de quien, representados todos los cristianos en el, dijo Jesús en el Calvario: He aquí a tu Madre; y n Marín; Mujer, he ahí a tu hijo, quedando así proclamada la Maternidad espiritual de la Virgen sobre todos los hombres. Y San Lucas, el scriba mansuetudinis Christi, evangelista por excelencia de la Virgen, que de propios labios de María recogió todo aquello que acerca de la infancia de Jesús y de la vida de su Madre nos escribió luego en su Evangelio.

Diseño de pormenores del Manto

 

 
San José   El Rey David
    
San Joaquín   San Juan Evangelista
 
Abraham   San Lucas

Respecto de los demás elementos simbólicos, es el más importante el Espíritu Santo, que dio lugar a un difícil problema artístico, porque nuestra primera idea fue bordar en gran realce, con sedas blancas, la simbólica paloma. Y así lo hizo la bordadora con una perfección extraordinaria; pero, colocado sobre el manto, no decía nada. La Paloma debería, pues, hacerse en materiales ricos, de modo que jugase equilibradamente sobre fondo de tal suntuosidad; pensamos hacerla en plata y, decididamente, así lo hicimos. Como usted habrá podido observar, el Espíritu Santo es una preciosa obra de cincelado, realizada por Don Manuel Seco Velasco.

La paloma simbólica del Paráclito va rodeada de un resplandor, con perlas y rubíes, montados en oro de ley, y de una filacteria con texto tomado de la secuencia de Pentecostés: Veni Sancte Spiritus et emitte coelitus lucís tuaé radium.

—El bordado de los pequeños casetones en punto milanos es una maravilla, - decimos nosotros.

—Sí, todo el manto es una gran obra de arte de originalísima técnica del bordado, pero en estos pequeños cuadritos en punto milanés. Ángeles ha demostrado que, con su aguja, está a la altura de los grandes maestros del bordado del Siglo de Oro. La riqueza de finos matices y la perfección y exactitud del dibujo, son dignos del máximo encomio.

—¿Y los símbolos marianos de la orla?

—He escogido los símbolos marianos bíblicos más relacionados con Nuestra Señora del Rocío. Asiento de la Sabiduría, Espejo de Justicia, Pozo de Aguas Vivas, Casa de Oro, Lirio entre Espinas, etc. Entre ellos he colocado el de Estrella del Mar, por la antigua tradición marinera de la Virgen Santísima del Rocío y también he tenido la ocurrencia de reproducir la ermita del Rocío, en su estado actual, como curioso documento gráfico, en el propio manto de la Virgen.

Detalle de los casetones y escudos de Hermandades

—¿Y los escudos de las Hermandades?

—Algunos me costó inmenso trabajo conseguirlos; pero ahí están en el manto de la Reina de las marismas cantando con sus oros, sus sedas y sus perlas, la gloria de la Madre de Dios.

—Gracias, muchas gracias, Don Joaquín, y que la Virgen, tesorera del Cielo y buena pagadora, le devuelva acrecentado según su medida celestial, el amor que le tiene y ha puesto en su manto.

 

***

El manto que ha estrenado la Santísima Virgen del Rocío pasará a la posteridad como uno de los bordados de más aliento y más alta calidad de todos los tiempos; y esto en los tres valores que busca y persigue todo bordado en oro: riqueza, policromía y brillantez.

Se nos ha dicho hace unos momentos que el manto está concebido a modo de gran capa pluvial; efectivamente, la disposición general de los elementos ornamentales en el manto, guardan esa parecida distribución.

Las tiras de imaginería limitadas por relevado galón o flocadura de oro, está dividida en tres rectángulos verticales, por contarlos centrados de una perla. Sobre un fondo de oro, a hilo tendido se abren arcos de medio punto finamente labrados, y perfilados en hojillas y que figuran estar sostenidos por columnas abalaustradas renacentistas, minuciosamente estudiadas y delicadamente bordadas y perfiladas en hilo, canutillo, cordón y adornos de aljófar. El fondo de la hornacina se cubre, en el medio punto, con venera agallonada, nervada de hojilla, y el resto con imbricado de hilo de oro distinto en cada una de las hornacinas; las imágenes aparentan estar de pie, en actitudes elegantes y bien compuestas, sobre ménsulas muy graciosamente articulas y trabajadas con gran riqueza y labor. Las enjutas se adornan con acróteras; y, sobre la clave, con roleos de bella y elegante traza.

Más detenido estudio merecen las imágenes, si tuviésemos bastante espacio para ello. Estas pequeñas imágenes con sus rostros, manos y pies de marfil y sustelas en oro y sedas ponen en el manto una rica nota de policromía y suntuosidad. El blanco marfileño de las testas, destacando sobre el brillo metálico de las aureolas que las en marcan y esa varia e irisada policromía de las vestiduras dan al bordado una riqueza cromática inigualable. Un precedente, en cierto modo, de esta imaginería lo tenemos en la cenefa de la casulla del llamado terno del Rey Católico, de la Capilla Real de Granada. En el inventario de la Real Capilla de 1583 se llama al bordado de esta cenefa ymagineria de bultos chapados. Están conseguidos modelando interiormente con telas y luego aplicando sobre este relieve el bordado metálico; en esencia, por el mismo procedimiento que se han hecho estas imágenes del manto de la Blanca Paloma.

La parte superior del bordado se cierra por una orla curva limitada arriba por el semicírculo que, una vez puesto el manto a la Sagrada imagen cubre la toca y en todo su derredor por las mismas flecaduras que las cenefas. La ancha faja central de esta orla va ocupada por una serie de siete querubines de alas desplegadas separados por pequeños roleos. Bajo ella y siguiendo su línea, se despliega una serie de roleos enlazados, hasta cuyo centro se eleva desde la gran orla inferior el motivo central del manto, con el Espíritu Santo y el escudo de la Pontificia y Real Hermandad de Almonte.

Acerca del Símbolo del Divino Espíritu ya dijimos algo más arriba.

El escudo de la Pontificia y Real Hermandad de Almonte, rodeado de tallos serpenteantes y roleos ocupa más de un tercio sostenido por dos ángeles tenantes, trabajados con el mismo estilo y técnica que las imágenes de las cenefas. Los ángeles de pie, sobre consolas remate de cornucopias, que arrancan, con los tallos que enmarcan el escudo, del pie mismo de éste. Este motivo de los ángeles sobre remate de cornucopias, muy típicamente renacentista, los vemos muy usados en gran parte de bordados renacentistas de la gran época toledano-guadalupense del XVI. Recordamos ahora el terno del Cardenal Fonseca en la Catedral de Toledo; y los faldones de las dalmáticas del temo rico de Guadalupe, obra prima y primera, a par con el trapo rico de todo el arte del bordado español.

La gran orla inferior con las dos series paralelas de escudos de las Hermandades, separados y centrados por casetoncillos con símbolos marianos superpuestos a galones y fluecos consigue una rutilante brillantez y policromía, acrecentada su riqueza por las coronas de infantes -florones y perlas- que uniformemente timbran todos los escudos.

Medalla de la Hermandad de SEVILLA en el manto

Ya hemos hecho mérito, más arriba, del valor estético y técnico de los casetoncillos con símbolos marianos bordados en el punto antiguamente llamado oro atravesado y que la bordadora del manto me lo llama punto milanés.

En resumen, en el nuevo manto de la Blanca Paloma se han puesto en juego todos los recursos técnicos para conseguir los máximos efectos expresivos del bordado y los más depurados valores artísticos, todo eso que hace de este manto una enorme joya de rico y jugoso cincelado.

J.B.M.M.

Las iniciales J.B.M.M. (Juan Bautista Méndez Morato) correspondían a uno de lo seudónimos con los que firmaba Juan Infante-Galán Zambrano.

Queremos agradecer desde estas líneas a la Pontificia, Real e Ilustre, Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío de Almonte, y de manera especial a su Diputado de Cultos, D. Isabelino García Bañez y a Dª Maria del Carmen Morales González, Camarista de la Santísima Virgen, la inestimable colaboración prestada  para la realización del reportaje fotográfico que ilustra este Capítulo, realizado el Domingo 12 de Noviembre del 2006 en el Tesoro Devocional de la Virgen del Rocío.

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Bibliografía:

Revista ROCIO - 1957
Tesoro Devocional de la Santísima Virgen (Reportaje fotográfico)
Fondo documental del Centro de Estudios Rocieros del Ayuntamiento de Almonte (CER)
Archivo Particular

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