JUAN PABLO II: EL PAPA ROCIERO

Manuel Romero Triviño

 

JUAN PABLO II EN EL ROCÍO

 

El 14 de junio de 1993, el Papa Juan Pablo II, voló en helicóptero hacia la Aldea del Rocío, contemplando, desde el inmenso cielo azul, uno de los más bellos y espectaculares panoramas de la baja Andalucía, entre el Atlántico y las marismas de las inmediaciones del Parque de Doñana.

Una ingente multitud de rocieros, llegados de Almonte, los pueblos de la provincia y toda Andalucía, así como de otros rincones y lugares de España, aclamaron al vicario de Cristo. El espectáculo era como un éxtasis que El Rocío había preparado para la llegada del Papa. En el rostro de éste se notaba la emoción del momento. El sol y el calor eran  abrumadores, pero el paisaje, único.

Las marismas almonteñas brillaban como patenas al reflejo de un sol que comenzaba ya a declinar, las manadas de caballos pastaban tranquilas o emprendían rápidas carreras, que alternaban momentáneamente la paz de otros rebaños. La belleza del paisaje se hacía más intensa en aquella tarde, porque, de cuando en vez, una bandada de cigüeñas y otras aves migratorias remontaban el vuelo y dibujaban sobre el cielo azul intenso un capricho volador.

Contraste entre una naturaleza en sosiego y la expectación bulliciosa de los muchos miles de personas que esperaban la llegada del Papa.

Al aparecer en el cielo rociero el helicóptero del Santo Padre, un mar de manos, pañuelos, sombreros y banderas se confundió con las aguas de la marisma. Las sevillanas y fandangos se alternaron con las palmas y los aplausos en el marco incomparable de la belleza de colorido de los trajes camperos y de faralaes.

Juan Pablo II se ayuda en el hombro de Ángel Díaz de La Serna junto a D. Diego Capado

 

El Papa penetró en el santuario. Los noventa simpecados de las hermandades rocieras hacían como de retablos sobre las paredes blancas. La imagen sin par de la Virgen con sus más esplendorosas galas, teniendo a sus espaldas el primer cuerpo del espléndido retablo barroco, que estaba entonces en fase de construcción.

El Santo Padre se puso en oración y en el Rocío se hizo silencio. Milagro de este pueblo rociero que sabe entender el diálogo de un Papa con la Madre de Dios. La oración fue larga, 6 minutos extensos; el silencio fue inmenso. Allí no se percibía nada más que el rumor de los pájaros y el de las banderas agitadas por el viento.

Juan Pablo II ofreciendo un presente a la Virgen

Todo ese silencio se hizo clamor de emoción y grito de júbilo y palmas por sevillanas, cuando el Papa apareció en el balcón de la fachada principal.

El Santo Padre, dirigió su palabra dejando un mensaje que constituye, desde aquel día, un compromiso ineludible para todo buen rociero.

 

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MENSAJE DE JUAN PABLO II A TODOS LOS ROCIEROS

(Para escucharlo, pulsar  sobre  el play de  los diferentes magnetofones)

 

"Amadísimos hermanos y hermanas:

Que la gracia y la paz de Jesucristo, el Señor, esté siempre con todos vosotros: rocieros peregrinos que desde tan diversos lugares habéis llegado a estas marismas almonteñas para reuniros con el Papa en éste Santuario, que es centro de la devoción mariana andaluza, en el que se venera la imagen bendita de Nuestra Señora del Rocío.

Es para mí motivo de honda alegría y de acción de gracias, culminar mi visita apostólica a la Diócesis de Huelva peregrinando a estas marismas en las que la Madre de Dios recibe, en la romería de Pentecostés e incesantemente durante todo el año, el vibrante homenaje de devoción de sus hijos de Andalucía y de muchos otros lugares de España. A esa multitud incontable de romeros, he querido unirme, ante esta bellísima imagen de la Virgen, para venerar a nuestra Madre del cielo.

Agradezco vivamente las amables palabras de Monseñor Rafael González Moralejo, Obispo de esta diócesis, ha tenido a bien dirigirme, así como la presencia de mis Hermanos en el Episcopado y de los numerosos y amados sacerdotes, religiosos y religiosas que han querido unirse a esta celebración rociera. Mi gratitud igualmente a las autoridades civiles por su valiosa colaboración en la preparación de este encuentro para honrar a la Blanca Paloma.

Hace cuatro años, una numerosísima representación de vuestra Hermandad Matriz y de las restantes Hermandades del Rocío, acompañados por vuestro Obispo, os pusisteis en camino y peregrinasteis a Roma para llevarme el perfume de estas vuestras marismas almonteñas y mostrarme en vuestros simpecados el rostro bellísimo de la Virgen y Señora del Rocío.

Hoy soy yo quien peregrina hasta aquí para postrarme a los pies de esta sagrada imagen, que nos representa y recuerda a María, Asunta en cuerpo y alma al Cielo, y orar por la Iglesia, por vosotros, por vuestras familias, por España y por todos los hombres y mujeres del mundo.

En esta ocasión deseo recordaros el mensaje que os dirigí entonces en Roma: Quiero alentaros vivamente en la auténtica devoción a María, modelo de nuestro peregrinar en la fe, así como en vuestros propósitos como hijos de la Iglesia y como fieles laicos asociados en vuestras Hermandades, a dar testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española. Se decian estas palabras en el año 1989, mes de Marzo.

 

Vuestra devoción a la Virgen representa una vivencia clave en la religiosidad popular y al mismo tiempo, constituye una compleja realidad socio-cultural y religiosa. En ella, junto a los valores de tradición histórica, de ambientación folklórica y de belleza natural y plástica, se conjugan ricos sentimientos humanos de amistad compartida, igualdad de trato y valor de todo lo bello que la vida encierra en el común gozo de la fiesta.

Pero en las raíces profundas de este fenómeno religioso y cultural, aparecen los auténticos valores espirituales de la fe en Dios: del reconocimiento de Cristo como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, del amor y devoción a la Virgen y de la fraternidad cristiana, que nace de sabernos hijos del mismo Padre celestial.

Vuestra devoción a la Virgen, manifestada en la Romería de Pentecostés, en vuestras peregrinaciones al Santuario y en vuestras actividades de las Hermandades, tiene mucho de positivo y alentador, pero se le ha acumulado también, como vosotros decís, "polvo de camino" …

Se ve que lo decís de verdad…

Se ve con este aplauso….

Bien, bien…

Que todo el mundo ….

¡¡QUE TODO EL MUNDO SEA ROCIERO!!

Entonces …

Bien, bien …

Bien,

Entonces volvemos a este “polvo de camino” que es necesario purificar.

Es necesario, pues, que, ahondando en los fundamentos de esta devoción, seáis capaces de dar a estas raíces de fe su plenitud evangélica; esto es, que descubráis las razones profundas de la presencia de María en vuestras vidas como modelo en el peregrinar de la fe y hagáis así que afloren, a nivel personal, a nivel comunitario, los genuinos motivos devocionales que tienen su apoyo en las enseñanzas evangélicas.

En efecto, desligar la manifestación de religiosidad popular de las raíces evangélicas de la fe, reduciéndola a mera expresión folklórica o costumbrista sería traicionar su verdadera esencia.

Es la fe cristiana, es la devoción a María, es el deseo de imitarla lo que da autenticidad a las manifestaciones religiosas y marianas de nuestro pueblo.

 

 



Pero esa devoción mariana, tan arraigada en esta tierra de María Santísima, necesita ser esclarecida, ser alimentada continuamente con la escucha y la meditación de la palabra de Dios, haciendo de ella la pauta inspiradora de nuestra conducta en todos los ámbitos de nuestra existencia cotidiana.

Os invito, por ello, a todos a hacer de este lugar del Rocío una verdadera escuela de vida cristiana, en la que, bajo la protección maternal de María, la fe crezca y se fortalezca: con la escucha de la palabra de Dios, con la oración perseverante, con la recepción de los sacramentos especialmente de la Penitencia y de la Eucaristía.

Este, y no otro, es el camino por el que la devoción rociera ganará cada día en autenticidad. Además, la verdadera devoción a la Virgen María os llevará a la imitación de sus virtudes.

A través de Ella, por su mediación, descubriréis a Jesucristo, su Hijo, Dios y Hombre verdadero, que es el único Mediador entre Dios y los hombres.

En un entrañable encuentro con los Obispos de Andalucía, con ocasión de su visita "ad Limina", me refería a la vivencia religiosa popular con estas palabras: "Vuestros pueblos, que hunden sus raíces en la antigua tradición apostólica, han recibido a lo largo de los siglos numerosas influencias culturales que les han dado características propias. La religiosidad popular que de ahí ha surgido, es fruto de la presencia fundamental de la fe Católica, con una experiencia propia de lo sagrado, que comporta a veces la exaltación ritualista de los momentos solemnes de la vida del hombre, una tendencia devocional y una devoción muy festiva" ¡¡Gracias a Dios!!

 

Sé que, como Hermandades Rocieras, estáis empeñados, en dar una nueva y auténtica vitalidad Cristiana a la religiosidad popular de vuestra tierra.


Por otra parte, es consolador comprobar que vuestros Pastores muestran gran solicitud y preocupación por fomentar en las Hermandades una mayor formación cristiana y una más activa participación litúrgica y caritativa en la vida de la Iglesia, que se traduzca en verdadero dinamismo apostólico.

Por mi parte, y apelando al sentimiento más profundo que, como cristianos y rocieros lleváis en el fondo de vuestras almas, quiero alentaros a reavivar en vosotros el amor y la devoción a María, y por Ella a Cristo, dando así también testimonio de una fe que se hace cultura.

Sería una pena que esta cultura cristiana vuestra, magnifica, profundamente enraizada en la fe, se debilitara por inhibición o por cobardía al ceder a la tentación y al señuelo, que hoy se os tiende, de rechazar o despreciar los valores cristianos que cimientan la obra de la devoción a María y dan savia a las raíces del Rocío. Por eso os vuelvo a insistir hoy ante la Virgen: dad testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española.

Entonces el Papa, como se podía sentir rociero, habla a vosotros, queridas hermanas, queridos hermanos rocieros, me siento feliz de estar con vosotros en esta hermosa tarde, aquí, en este paraje bellísimo de Almonte, ante este bendito Santuario, en el que acabo de orar por la Iglesia y por el mundo.

A Ella, nuestra Madre celeste, Asunta en cuerpo y alma al cielo, he pedido por vuestro pueblo andaluz y español, pueblo fundamentado en la fe de sus mayores y que vive una ardiente esperanza de elevación humana, de progreso, de afirmación de su propia dignidad, de respeto a sus derechos y de estímulo y ejemplaridad para cumplir sus deberes.

He pedido a María que siga concediéndoos, en la alegría de vuestra forma de ser, la firmeza de la fe y engendre en vosotros la esperanza cristiana que se manifieste en el gozo ante la vida, en la aceptación ante el dolor y en solidaridad frente a toda forma de egoísmo.

He pedido para vosotros, los aquí presentes, así como para vuestras familias y para Andalucía entera y la noble Nación española, que sepáis siempre superar las dificultades, los obstáculos, a veces frecuentes en el camino, como son la pobreza, la temible plaga del paro, la falta de solidaridad, los vicios de la sociedad consumista en la que se olvida el sentido de Dios y la caridad auténtica.

¡Que por María sepáis abrir de par en par vuestro corazón a Cristo, al Señor!.

Llevad por todos los caminos el cariño y el amor del Papa a vuestros familiares, paisanos y amigos, y antes de bendeciros, alabemos juntos a María:


¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCÍO!

¡¡VIVA ESA BLANCA PALOMA!!

¡¡¡QUE VIVA LA MADRE DE DIOS!!!

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Cuando Juan Pablo II terminó su mensaje, los congregados estallaron en aplausos y vivas. Inmediatamente, el Papa, les invitó a orar juntos a María, a la par que sonaban los acordes de la Salve del "Olé, olé" interpretada por la Coral Polifónica de Isla Cristina y la Banda Municipal de Huelva.

 

Posteriormente, Juan Pablo II volvió al interior del Santuario, donde bendijo al resto de Simpecados y oró nuevamente delante de María Santísima del Rocío, antes de despedirse oficialmente de las autoridades, caminando posteriormente por las arenas entre el clamor del público.

Juan Pablo II bendiciendo el Simpecado de SEVILLA

Para conmemorar dicha visita, el 18 de Agosto de 1994 se colocó un azulejo en el interior de la Ermita y otro en el llamado "Balcón del Papa".

 

Posteriormente y coincidiendo con El Rocio Grande del año 2002, se instaló frente a al Ermita y en el llamado Paseo Marismeño, un busto del Papa:

 

 

Retransmisión íntegra de la visita con imágenes originales de TVE

 

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2 DE ABRIL DEL 2005: FALLECE JUAN PABLO II

 

El Sábado 2 de Abril del 2005, a las 21:37 horas Juan Pablo II "retornó a la Casa del Padre" y "podía ver y tocar a Dios".

En El Rocío, al igual que en el resto del orbe católico, jamás se había perdido la esperanza. A media tarde de ese Sábado y dirigido por D. Diego Capado, se rezaba un Rosario por el Santo Padre, siendo presidido por un retrato del mismo que regaló a la Ermita en su visita de 1993, que normalmente se encuentra en la Sacristía, y que había sido colocado  junto al Altar de nuestra Señora.
 
El Santuario se encontraba a rebosar, casi como en una madrugada de Pentecostés. Tras de ello, se ofició una Eucaristía, presidida por el mismo ministro de Cristo y concelebrada por el Padre Quevedo.
 
Horas después y tras conocerse el óbito del Papa, los que se encontraban en la Aldea, empezaron a  dirigirse hacia la Ermita. Algunas personas, como tres chicas polacas, de las que trabajan en la fresa, se arrodillaron y rezarle bajo la atenta mirada de la concha del Santuario y la campana tocaba a duelo.

 

Campana

En el monumento al filo de la marisma, un numeroso grupo de compatriotas del Papa, estaban rezando. Era impresionante el recogimiento y la tristeza con que lo hacían. Los rezos en su idioma natal, se entremezclaban con llantos de dolor y cantos de su Polonia natal.  
 

 

Canto

Poco a poco, se fueron congregando más personas y las velas empezaron a multiplicarse. Una de las jóvenes polacas, sacó de su bolso, un precioso rosario blanco, y se lo colocó entre los dedos al busto del Santo Padre, para que en un último gesto, el mismo Papa nos acompañara. En el pecho, le puso una estampa de la Virgen con el Niño recién nacido.


Comenzó el Santo Rosario, en polaco, con un recogimiento sobrecogedor. Sólo los sonidos de la oscura marisma, se entremezclaban con los rezos. Era maravilloso, escucharlo en el idioma natal del Papa y a la par, en castellano.

 

Rosario  en Polaco

 

A su finalización, entonaron en el idioma de sus padres y con una dulzura indescriptible, la canción Pescador de Hombres: “Tu has venido a mi orilla, sonriendo, has dicho mi nombre….”
 
Como pasa en tantos acontecimientos del Rocío, alguien “s´arrancó” y le cantaron las sevillanas "Algo se muere en el alma", con las que en 1982 fue despedido en su visita a Sevilla. Sobran los comentarios.
 
El Domingo, el cielo en El Rocío, amaneció llorando la muerte del Papa Rociero. A primera hora, muchos fieles ya rezaban en la Ermita. El retrato del Santo Padre, tenían colocado un crespón negro en señal de duelo.

Afuera, en el balcón, el aire hacia ondear la bandera Pontificia con su señal de duelo, como enfadado por no poder volver a rozarle su venerable rostro.

 

Seguro que Ella, María, a quién tanto fervor le tenía con su famoso “Totus Tuus Ego Sum”, y que nosotros queremos bajo su advocación del Rocío, lo acogió en su seno, y en esas marismas azules a las que todos quisiéramos llegar algún día, tiene ya su choza de enea y junco, para la eternidad.

                     

Tumba de Juan Pablo II en las catacumbas del Vaticano hasta su beatificación (2005-2011)

Tumba de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro

 

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LAS RELIQUIAS DEL BEATO JUAN PABLO II EN EL ROCÍO

 

Con motivo del XX Aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II al Rocío, y desde el 15 al 30 de Junio del 2013, estuvieron expuestas en la Capilla Sacramental, las reliquias del ya Beato Juan Pablo II, consistente en un trozo de alba del Santo Padre impregnado con su sangre.

Capilla Sacramental con las reliquias del Beato Juan Pablo II.
A la derecha, cuadro de S.S. A la izquierda, pergamino firmado de puño y letra de S.S. Juan Pablo II
y a sus pies, escudo que adorna una de las puertas del Retablo de Ntra. Sra de El Rocio.

 

Capilla Sacramental el día de la Sabatina

 

“Ex sanguine Beati Joannis Pauli II Papae”

El Sábado 29 de Junio del 2013, Festividad de San Pedro, se celebró en el Santuario del Rocío, la Sabatina de la Hermandad Matriz en honor la Santísima Virgen, sirviendo igualmente de homenaje y recuerdo del 20 aniversario de la visita del Beato Juan Pablo II.


Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz presidiendo la Sabatina

La Misa fue presidida por el Párroco de Almonte y Rector del Santuario, D. José García, encontrándose presente igualmente la Junta Directiva de la Hermandad Matriz de Almonte, con su Presidente a la cabeza, D. Juan Ignacio Reales Espina.

Intervino la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de Los Caídos la cual interpretó varias piezas, terminando con la Salve Rociera del "Olé, olé"

 

 

 

 

Bibliografía:

Retrasmisión de TVE el 14/6/93 (Audio mensaje y fotos)
Foro Rocio.com (Goro Medina "Algo se  muere en el alma" del 3/4/95)
Fotos y Grabaciones de audio originales del 2/4/05 del Archivo Particular