El Rocío - ANTECEDENTES HISTORICOS

EL ROCÍO Y LA CASA REAL ESPAÑOLA
Artículo de D. Ángel Díaz de la Serna Carrión
 

Se reproduce el artículo publicado con motivo del 75 Aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en el diario ABC de Sevilla, del 22 de Mayo de 1994, dado su interés histórico y periodístico.


"Quizás las nuevas generaciones no conozcan las relaciones que han tenido y tienen la Casa Real Española y la devoción rociera.

Con la visita de S. M. el Rey de España al Santuario del Rocío el 27 de septiembre de 1992, con motivo de la clausura de los congresos Mariano y Mariológico celebrados en Huelva, se ha reanudado esa vinculación que desde muy antiguo tenían ambas instituciones.

El Rey D. Alfonso X El Sabio, el Poeta de las Cantigas de Santa María, mandó edificar en el Coto Real de las Rocinas una ermita y en ella fue colocado primitivamente el nombre del lugar: Santa María de las Rocinas. Esto ocurría entre 1270 y 1284.

El Rey cazador D. Alfonso XI se postró ante la Virgen de las Rocinas en 1337, como lo detalla en su libro «La montería», documento valiosísimo para la historia de la devoción rociera.

El Rey Felipe IV visitó la ermita del Rocío el día 14 de marzo de 1624, acompañado de su hermano el Infante D. Carlos, visita que ha pasado a la historia por el fasto y despilfarro con que la preparó el duque de Medina S¡donia, señor del lugar.

Curiosamente en dicha visita acompañaba a S. M. el Rey el entonces nuncio de S. S. en España, monseñor Giovanni Baptista Panfilli, que también se postró a los pies de la Santísima Virgen y que exactamente veinte años después, en 1644, subía al solio de S. Pedro con el nombre de Inocencio X.

Aproximadamente un siglo después, en 1729, también visitó la ermita marismeña el primer Rey de la Casa de Borbón, D. Felipe V, y que habría que destacar que lo acompañaba el que  en su triunfo definitivo en la Guerra de Sucesión tuvo principal papel, el cardenal Belluga, obispo de Murcia, y con él un almonteño, D. José Carlos Tello de Eslava y Cabrera, su hombre de confianza.

Su majestad el Rey D. Alfonso XII estuvo en el Rocío en 1876.

Pero, quizás, la actual devoción de la Casa Real y Familia a Nuestra Señora del Rocío proviene de la adquisición por los Infantes duques de Montpensier de la dehesa de Gatos y del Coto Real Lomo de Grullo en 1850.

Desde entonces, las estancias de SS. AA. en el Coto Real, que empezó a llamar de los Infantes o del Rey, las cacerías y partidas de campo, llevaron a los duques de Montpensier y más tarde a los condes de París y duques de Orleáns al Santuario del Rocío, brotando en ellos una ferviente devoción a la Pastora de las Marismas, que heredaron y acrecentaron SS. AA. los Infantes D. Carlos y Dª Luisa (abuelos matemos de S. M. el Rey D. Juan Carlos I y de ellos sus egregios hijos.

Por S. A. el Infante D. Carlos y con las monterías del Rey D. Alfonso XIII, llega de nuevo al trono de España la devoción a la Virgen almonteña, ya que la primera visita a tierras de Almonte -de las muchas que haría después el joven monarca- se efectuó el 1 y el 2 de marzo de 1908, reanudándose así, como decíamos al principio, el áureo hito de la regia devoción que iniciaron un día D. Alfonso el Sabio y D. Alfonso de Onceno, pasando por los monarcas mencionados de los siglos XVII, XVIII y XIX, así como las innumerables visitas de la Infanta Dª María de las Mercedes, Condesa de Barcelona, y sus hermanas Dª Isabel Alfonsa y Dª Esperanza y Dª Dolores, culminando con la presencia en la romería Dª Sofía, en 1972, entonces Princesa de España, y en 1984 como Reina de todos los españoles, acompañada de sus egregias hijas las Infantas Dª Elena y Dª Cristina.

Muchísimos son los regalos y ex votos que se conservan en el santuario, como testimonio de lo que los Infantes y la Casa Real, desde los duques de Montpensier hasta hoy, han representado y representan en la historia de la devoción rociera; dando un tono de espiritualidad a la romería, también de dignidad y empaque regio, pero con un sentido democrático de la realeza inédito en el mundo, porque es sólo rociero.

Mucho sabe de ese fino amor y fervorosa devoción de los Infantes a la Virgen del Rocío ese corazón de plata dorada con sus nombres, uno más de esa ristra de corazones que adornan las sayas de la Virgen de Pastora.

Siempre, y a pesar de la distancia, bien haya sido, o sea, en Brasil, Estoril, la Zarzuela o en Sevilla, los corazones de SS. Majestades, del Príncipe y de las Infantas han seguido y siguen prendados de amor a la Virgen del Rocío."

Ángel DÍAZ DE LA SERNA