UN ALMONTEÑO EN BALER
Para José, al
igual que para tantísimos jóvenes de su edad, el simple hecho de ser de
familia humilde, le hizo ser llamado a filas para defender lo que quedaba de
“aquel Imperio en el que nunca se ponía el Sol”. Sus padres no se podían
permitir el lujo de “redimirlo” del servicio militar por 400 duros,
como ocurría con los hijos de familias pudientes. Era en definitiva, como se
suele conocer, “carne de cañón”.
Corría la última década del siglo XIX y todo estaba ya perdido para España. En
Cuba se libraba ya una guerra y la chispa de la independencia hacia cruzado
hasta Filipinas, donde los rebeldes, aliados con los EE.UU. se alzaron contra
España. El desastre del 98 estaba servido.
En Junio de 1898, un grupo de 55 soldados kastiles, como eran conocidos los
españoles y entre los que se encontraba José, se encerraron en una pequeña
Iglesia del pueblo de Baler, en las Isla Luzón de las Filipinas.

Iglesia de Baler
Allí
resistirán un asedio durante casi un año de las tropas tagalas. Pasaran
penalidades, comerán comida podrida, así como beberán.... lo que puedan, y
sobre todo, verán morir a muchos de sus compañeros, en concreto y para ser
exactos, 22.
José, como muchos de sus compañeros, aprovecha los pocos momentos de tregua
que tienen, para orar ante el altar de la derruida Iglesia. Pero él,
especialmente, le reza en la lejanía, a una Virgen por la que desde pequeño
siente especial devoción que le corre por las venas, porque José, es
almonteño.
Recuerda en las largas noches, su pueblo y sobre todo su Virgen del Rocío. El
dolor del hombro bajo sus andas y las lágrimas de alegría al verla pasear
cuando, sin fecha definida aún, va al pueblo vestida de Pastora, le hacen
soñar y mantener la esperanza de volver a su tierra.
Se encomienda a Ella y consigue sobrevivir entre los 33 soldados que el 2 de
Junio de 1899 se rinden ante el respeto y admiración de sus sitiadores y
desfilan como fantasmas por el pueblo.

José Jiménez (7) junto con el resto se los supervivientes
Por fin, el 1
de Septiembre del mismo año, arribaron a España y poco tiempo después, José se
pudo postrar a los pies de su Blanca Paloma.
Un siglo después, el pueblo de Almonte le rindió homenaje, con un monumento
que muchos habréis podido contemplar en la Plaza de Andalucía.
Representa a un pequeño entregando a nuestro protagonista, una carta
solicitando la rendición de los sitiados.


Monumento a José Jiménez Berro en Almonte
La realidad fue muy distinta: la carta fue rechazada desde la propia Iglesia con un disparo que ni tan siquiera llegó a rozarle la mano al pequeño

Placa al pie del monumento
Amén de ello, más concretamente el 5 de Septiembre del 2006, tuvo lugar en Almonte, un acto presidido por el Embajador en España de Filipinas y por el Alcalde de dicha Villa, en el que se ha rendido homenaje en la figura de José Jiménez Berro, a los Héroes de Baler y entre otros actos, se colocó la primera piedra de lo que es la Fundación para la Amistad Duradera Hispano-Filipina. El edificio que la alberga, es una copia exacta de la Iglesia de Baler donde estuvieron “los últimos de Filipinas”.

Imagen de la Iglesia en Almonte
Sirva de homenaje a un almonteño y sobre todo a un
rociero que sintió la nostalgia en la lejanía de ultramar, hace más de un
siglo, en hechos desconocidos por la gran mayoría.
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Bibliografía:
J. M. Ojeda Torres: "José Jiménez Berro: Héroe de Baler" - Cuaderno de Almonte
nº 38 (1999)
Fondo documental del Centro de Estudios Rocieros del Ayuntamiento de Almonte (CER)
Archivo Particular