El Rocío - ANTECEDENTES HISTORICOS

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Manuel Romero Triviño

 



Para poder comprender en su totalidad lo que es El Rocío, con todo lo que conlleva, es primordial hacer una semblanza histórica de todos los acontecimientos socio-políticos que hace más de siete siglos, rodearon el surgimiento de lo que hoy en día es una de las devociones marianas más importantes a nivel mundial.

Cuando en Noviembre de 1248, el Santo Rey Fernando, conquista Sevilla y todas sus poblaciones limítrofes del Aljarafe, el reino musulmán de Niebla, último de los bastiones en la zona, quedó atrapado entre el Reino cristiano de Sevilla y las conquistas que desde Portugal se iban adentrando en la baja Andalucía, hasta el punto de caer en 1262.

Fernando III, El Santo


En el año 1262, Alfonso X "El Sabio", conquista Niebla y todo lo que de aquel último reino quedaba. Dentro de dicho término estaba la villa llamada por los musulmanes Al-munt (Almonte).

Como era lógico, tras liberar esas tierras, se procedió a su repoblación, la cual se fue dilatando hasta principios del siglo siguiente, toda vez que eran comunes las escaramuzas de tropas moras desde el Norte de África y había miedo a asentarse en aquellos parajes dejados de la mano de Dios.

A pesar de ello y en la zona que nos concierne de Almonte, se supone que en el último cuarto del siglo XIII, hubo algunos núcleos de población.

Hay referencias documentadas de que en el año 1335, se reunieron las autoridades de Niebla y Sevilla con el objetivo de la división de los términos jurisdiccionales de ambos. Dicha reunión tuvo lugar en una Venta o Bodegón llamado del Fraile (ó Freyle) el cual se encontraba "al cabo de una Iglesia que dicen Santa Maria de las Rocinas" y aproximadamente en el lugar que hoy se conoce como La Canaliega.

El libro de La montería de 1340, escrito, según todos los indicios, por Alfonso XI u Onceno, es un tratado de caza mayor que da amplias noticias de los lugares de más abundante caza de sus reinos y, en este sentido, al referirse a lo que hoy es el Rocío, dice:
"Et señalada mjente, son los meiores sotos de correr cabo un yglesia que dizen Santa María de las Rocinas, et cabo otra eglesia que dizen Santa Olalla...." .

Otro de los documentos más antiguos que existen, nos dice que Urraca Ferrández, vecina de Niebla, envía en su testamento, de fecha 10/2/1387, para "la obra ... de Santa Maria de Las Rozinas, dos marauedíz...". (Testamento)

Nuevamente y en la Ermita de Santa Maria de Las Rocinas, se reúnen las autoridades de Sevilla y Niebla, para firmar la fijación de mojonera entre los términos de Almonte, Hinojos, Manzanilla y Villalba. Esto ocurría el 25 de Febrero del año 1400.

Parroquia de la Asunción en Almonte


A lo largo del siglo XIV y con la repoblación ya consumada, empezaron a proliferar señoríos comarcales en toda la zona que, con el paso de los años, quedaron mermados en unas pocas familias de nobles.

Almonte pertenecía en aquella época a D. Pedro de Guzmán y Alonso de Portugal, Conde de Orgaz por casamiento con Dª Aldonza Fernández de Toledo, nieta del famoso Conde que inmortalizara Doménikos Theotokópoulos, más conocido mundialmente por El Greco.

Dada su situación estratégica y por su tamaño, era un señorío anhelado por los Condes de Niebla, que era otra rama de los Guzmán, ya que a través del mismo pasaba todo el tránsito desde su condado hasta Sanlucar de Barrameda, hecho que consiguieron bien entrado el siglo XV, cuando Almonte pasó a formar parte de los estados de la casa de Guzmán, que luego fueron también Duques de Medina Sidonia.

D. Alonso Pérez de Guzmán, séptimo Duque de Medina-Sidonia, distinguido por el Rey Felipe II y al que nombrara para conducir la "Armada Invencible" a pesar de su escasa experiencia en el mar, de cuyo desenlace nos es preciso ahondar por ser de sobra conocido, intuyendo la pérdida de influencia que podría tener el fallecimiento de su mecenas, casó a su primogénito, D. Manuel Alonso, con la hija del Marqués de Denia, mano derecha del nuevo monarca Felipe III.

Felipe II                                                      Felipe III


Entre las posesiones que el Duque dona a su hijo como regalo de bodas, recogidas en las capitulaciones matrimoniales en 1598, están las villas de Aljaraque, Huelva, San Juan del Puerto y la que más nos interesa: Almonte.

La Villa de Almonte tenía en aquella época del siglo XVII una población de aproximadamente de unos tres mil quinientos o cuatro mil vecinos, dispersos entre la población propiamente dicha y bosques de Doñana y de Las Rocinas, junto con las salinas de Matalascañas. La mayoría eran gentes pobres, destacando solamente algunos labradores acomodados y nobles hidalgos.

Existían dos conventos en la Villa, uno de monjas dominicas bajo la advocación de Nuestra Sra de la Encarnación y otro de frailes mínimos, dedicado a Ntra. Sra de la Victoria (1574), los cuales tuvieron a su cargo, la custodia y guarda de la Ermita durante más de dos décadas.

Ayuntamiento de Almonte donde estuvo ubicado el Convento de las Dominicas



Amén de ello, la Iglesia Parroquial de la Asunción era atendida por clérigos seculares.

El siglo XVII tuvo para Almonte acontecimientos negativos, tal y como fueron las diferentes sequías a lo largo del mismo y la Guerra con Portugal, cuyos ejércitos se nutrieron de gran cantidad de hijos del pueblo. Amén de ello, recayó sobre la Villa la defensa de sus costas.

Los impuestos que necesariamente se derivaron de estos conflictos bélicos, vinieron a empeorar la situación, al extremo de que un miembro del Concejo de Almonte, fue preso y llevado a la cárcel Real de Sevilla, por las deudas contraídas en nombre del Cabildo.

La muerte del duque D. Manuel Alonso en 1636 y de su esposa al año siguiente, tuvo una gran repercusión en la vida de Almonte, celebrándose fastuosos funerales por sus almas como era de rigor en la época.

También y para mermar un poco toda la suerte de calamidades que hemos comentado, se celebraban las Fiestas del Corpus y las de la Virgen en el mes de Septiembre, siendo de las mejores ocasiones en el que el pueblo llano tenía tiempo, aunque fuera por poco, para olvidar sus penas.

Los siglos siguientes fueron abriendo nuevas esperanzas para Almonte y su entorno. El XVIII se caracteriza por algunos avances en la agricultura y muchos en la ganadería, pieza esta clave para la economía almonteña después.

Se han sembrado muchos pinares que dan trabajo a cientos de vecinos. En lo que luego sería la populosa Matalascañas, han predominado las pesquerías y han desaparecido prácticamente las salinas, que siglos atrás fueran de las mejores de la zona y que dieran trabajo a tantos lugareños, quedando sólo las tres que llegaron hasta mediados del siglo XX frente a Sanlucar de Barrameda y que eran propiedad del Duque de Medina Sidonia.

Torre Carbonero, torre vigía en las playas de Doñana



Un núcleo que hay que destacar ha aumentado en este siglo XVIII su caserío, y que luego será tratado con más extensión, es la cercana aldea del Rocío, en la cual predominan las chozas alrededor de la Ermita, la cual sufrió gravísimos desperfectos, al extremo de tener que ser prácticamente rehecha en su totalidad, con motivo del tan famoso terremoto llamado de Lisboa del día 1 de Noviembre de 1755.

Según consta en el Archivo ducal de Medina-Sidonia, el terremoto duró un cuarto de hora en la Villa de Almonte, haciendo bastante daño a las Iglesias y casas, aunque no hubo que lamentar desgracias personales afortunadamente. La Ermita sufrió bastantes daños, estimados en 2.000 ducados.

El crecimiento económico de este siglo XVIII, trajo consigo la proliferación de ferias locales. Entre ellas habría que destacar la que en 1772, el Duque de Medina Sidonia concede a la villa de Almonte en la festividad de Pentecostés y que vino a denominarse Ferias del Rocío, las cuales y para favorecer el comercio en la zona fueron "exentas de las alcabalas que causaran los mercaderes y tratantes que venden géneros en el real y circuito de la ermita de Nuestra Señora del Rocío el tiempo de las veinte y cuatro horas que cada año dura la fiesta...para que por este medio se consiga el mayor culto que la devoción contribuye a su santa Imagen y Hermandad".

La invasión francesa inaugura el siglo XIX en España y por ende en la Villa de Almonte, con los acontecimientos que dieron lugar al Voto del Rocío Chico y que se tratan en su apartado correspondiente de forma extensa.

El final del siglo XIX vendría a llamar a la fama a uno de los hijos de Almonte, D. José Jiménez Berro, uno de los Últimos de Filipinas que en una remota iglesia de un pueblo llamado Baler, defendieron los últimos resquicios que de aquel Imperio en el que nunca se ponía el Sol le quedaban a España.

Monumento a José Jiménez Berro en Almonte

1919 viene a ser el año clave en la Historia rociera: tiene lugar la Coronación Canónica de la Virgen.

En 1932, la República vuelve a España y el Ayuntamiento toma la decisión de quitar el cuadro que preside la Sala de Plenos del Ayuntamiento.

Ni que decir tiene la repercusión que ello tuvo en el pueblo. A la mañana siguiente y en las rejas del Ayuntamiento, aparecieron varios cuadros de la Señora, que evidentemente, nadie osó quitar.
 

Cuadro de la Virgen en las puertas del Ayuntamiento

Portada del diario LA UNION relativa al acontecimiento


La Guerra Civil asoló la piel de toro de nuestro país. Oficialmente no hubo Romerías, y la Virgen dejó de salir a la calle dos (1937 y 38) de los tres años que duró la confrontación.

En 1948, surgen las Peregrinaciones Extraordinarias por iniciativa de la hermandad de La Palma del Condado, promovidas por el vizconde D. Ignacio de Cepeda, invitando a todos a acudir al Rocío en acción de gracias a la Virgen.

La segunda mitad del siglo XX, depara para el Rocio tal cantidad de acontecimientos que ya se detallan extensamente en el resto de Capítulos.
 

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Bibliografía:

Juan Infante-Galán : "El Rocio, devoción mariana de Andalucía"
Fondo documental del Centro de Estudios Rocieros del Ayuntamiento de Almonte (CER)
Archivo Particular